La primera referencia a Colmenar Viejo tiene que ver, como se sabe, con el conflicto mantenido entre los concejos de Segovia y Madrid por las tierras al sur del Guadarrama. Dicho dato se encuentra en una carta firmada por Fernando III, el 24 de septiembre de 1248, durante el cerco a la ciudad de Sevilla. Como bien afirma Elías Tormo, el documento es “un texto verdaderamente histórico, en el sentido de ser un texto verdaderamente narrativo de sucesos”. Precisamente, dichos sucesos tenían que ver con la solicitud de los madrileños para que el monarca autorizara la destrucción de las pueblas levantadas por los segovianos, entre las que se encontraban Manzanares y Colmenar. Tras dicha destrucción, sabemos, por dicha fuente documental, que el concejo segoviano volvió a levantar de sus cenizas las nuevas pueblas, respondiendo nuevamente los de Madrid con su aniquilamiento: “Et los de Segovia con gran fuerza comenzáronlas a poblar de cabo, et vos que fuiste, et quemástelas otra vegada”. Este fuego cruzado, que iba adquiriendo tintes de guerra civil, entre los de Segovia, aliados con los de “allende la sierra”, y los de Madrid, con los del arzobispado de Toledo, tuvo que frenarse con la intervención de los emisarios del monarca, el maestre Lope, obispo de Córdoba, y Ordoño, mayordomo de la reina Berenguela, quienes se dirigieron a “Manzanares et al Colmenar et a las otras pueblas” haciéndolas derribar nuevamente, dejando todo el término para los de Madrid y prohibiendo a los segovianos “que de aquí en adelante non fagan pueblas ningunas en ello...” El conflicto estaba lo suficientemente enconado como para encontrar una solución satisfactoria para ambas partes, pues, siguiendo a Tormo: “Si San Fernando III hubiera tenido tiempo, que le faltó, para los restantes temas de la discordia matritense-segoviana, hubiera necesitado una vida entera exclusivamente dedicada a disputados deslindes entre las ciudades y villas de sus reinos”. Tras la muerte del rey, el concejo segoviano volvió a la carga, construyendo, o reconstruyendo, nuevas poblaciones, de ahí que se vaticinara un fuerte enfrentamiento entre los concejos interesados. Para evitarlo, el nuevo monarca, Alfonso X, retuvo en su dominio todo este territorio hasta tomar una decisión definitiva, nombrando como Guarda Mayor a su criado Pero Gómez. Un Guarda que, parece ser, no tuvo instrucciones muy concretas para la custodia de este espacio del Real de Manzanares, pues, en sus primeras decisiones, impediría a los madrileños cortar leña, hacer carbón y apacentar sus ganados, lo que provocó la correspondiente queja. Así, el 30 de septiembre de 1268, veinte años después de los primeros acontecimientos destructivos de dichas pueblas, Alfonso X ordenaba a su Guarda Mayor que no impidiese a los madrileños la explotación de este territorio como venían haciéndolo con anterioridad, pero también reconocía lo beneficioso que resultaban estas pueblas, permitiendo que las estableciese quien lo deseara, aunque momentáneamente habría que esperar a quien correspondería la propiedad de dichos términos. Por tanto, en esta decisión podemos encontrar una clave importante para el levantamiento definitivo de las aldeas de Porquerizas, Guadalix, Manzanares y Colmenar Vejo. Las tensiones entre Madrid y Segovia no terminarían aquí, pero se había dado el paso decisivo para que cada una de las nuevas poblaciones mantuvieran, poco a poco, sus pulsaciones constantes de crecimiento, como ocurriría con Colmenar Viejo, que experimentó un extraordinario desarrollo demográfico a partir del siglo XV. |
Lo que ocurrió un dia como hoy en la Historia de Colmenar Viejo el 24 de septiembre de 1248.
Fernando Colmenarejo García
Para Diego Pedrosa, que está difundiendo la historia y el patrimonio de este pueblo desde su extraordinaria puerta de la sierra.