Lo que ocurrió un dia como hoy en la Historia de Colmenar Viejo el 10 junio 1816.

El Consejo de Castilla acuerda conceder permiso para celebrar funciones de novillos en Colmenar Viejo, según su costumbre desde tiempo inmemorial.

Una de las costumbres más arraigadas en la villa de Colmenar Viejo consistía en la celebración decorridas de novillos con motivo de las festividades religiosas del Corpus Christi, Ntra. Sra. de los Remedios, Ntra. Sra. del Socorro, Ntra. Sra. de los Dolores y san Roque. Se trataba de celebraciones muy esperadas por los colmenareños, dada la “inmemorial” costumbre de correr novillos desde que había ganaderos de estas reses en la Villa, de tal manera que, durante dichas festividades, se “probaban” los ganados de las diferentes ganaderías. Por ello, no cabe duda sobre la rivalidad y expectación que se produciría en este tipo de actos taurinos, donde los ganaderos tenían costumbre de “franquear sus novillos”.

Sin embargo, en 1816, estaban prohibidos este tipo de festejos, lo cual chocaba drásticamente contra la costumbre de esta localidad, provocando una gran preocupación entre las autoridades locales. Ante esta situación, Casimiro López Puente, personero público de la villa, y Leandro Rozalem Calvo, uno de los priostes nombrados para la festividad del Corpus Christi, elevaban a la autoridad competente su súplica para que, a pesar de dicha prohibición, se mantuviera la costumbre del pueblo, argumentando que “en ningún tiempo ni ocasión se haya conocido ni experimentado la más mínima desgracia por los ganados, como tampoco desazón ni indisposición alguna entre las gentes que respectivamente se esmeran por la paz y tranquilidad en estas funciones”.

Una súplica acompañaba también con la del propio alcalde mayor y Gobernador del Condado de Manzanares, Juan Luxipo de Pedrosa, dada la situación tan comprometida para él, ya que, por un lado, se encontraba en la obligación de hacer observar la disposición de la ley, y, por otro, se enfrentaba a terminar con una costumbre inmemorial e interrumpida de correr novillos en dichas festividades, donde el entusiasmo popular era de tal magnitud que, según él, se llegaba “al extremo de consagrar con votos populares estos días”. Por ello, el alcalde mayor hacía observar al Consejo de Castilla sobre la posibilidad de no poder evitar un desorden en el pueblo; incidiendo en el orden que se observan en las corridas, además de “la buena disposición de la plaza, dispuesta con todo lo necesario al efecto, y de la agilidad y destreza de varios vecinos en el arte, no permitiéndose se halle en la plaza quien no sea diestro”.

Fernando Colmenarejo García

 

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