Desde el último tercio del siglo XIX comenzaron a diseñarse varios proyectos para derivar las aguas del río Manzanares con destino a diferentes usos, principalmente industriales. Incluso, con anterioridad, algunos ingenieros habían sugerido que sus aguas podrían abastecer a Madrid, aunque, finalmente, ese honor correspondería al Lozoya, a través de la obra del Canal de Isabel II, inaugurado en 1858. En la zona de El Grajal, en la transición del tramo alto y medio del río Manzanares dentro del término municipal de Colmenar Viejo, el primer proyecto conocido para levantar un embalse de debe al ingeniero Gabriel de Faura. En 1884, Faura presentó en el Ministerio de Fomento un estudio que comprendía la derivación de las aguas de los ríos Duero y Manzanares para riegos y usos industriales. Después de realizar varios ajustes en el mismo, por necesidades de la administración, presentó un diseño de presa de 57 metros de altura y algo más de 200 metros de planta. Sin embargo, no llegó a realizarse por falta de capital, según las argumentaciones de su Sociedad, aunque, también es cierto, podría pensarse que tan solo se trataba de un proyecto especulativo que esperaba el momento oportuno para la cesión de sus derechos. Ese momento no tardaría en llegar, a finales de dicha centuria otros inversores se interesaron en el Manzanares para levantar varios saltos hidroeléctricos. Es el caso del marqués de Santillana, Joaquín de Arteaga, quien llegaría a hacerse con los derechos para llevar a la práctica su negocio industrial. Así, en una primera etapa, desde finales del siglo XIX hasta principios del XX, se levantaron varias obras hidráulicas, como el embalse de Manzanares el Real y el canal industrial para conseguir el salto de Navallar, la primera central en suministrar energía hidroeléctrica a Madrid y a otras localidades, como Colmenar Viejo y Fuencarral. Con posterioridad, el marqués de Santillana obtendría la concesión para llevar agua a la zona alta de Madrid, es decir, a los barrios donde no llegaba con suficiente presión el agua del Canal de Isabel II, la empresa pública responsable del abastecimiento a la capital. Para ello, había que dotar al proyecto de nuevas infraestructuras, como el recrecimiento de la primera presa de Manzanares el Real y el levantamiento de otra más pequeña en El Grajal, aguas abajo del salto de Navallar, además de construir un nuevo salto en Marmota. Así, ante la necesidad de reunir un mayor capital, el marqués de Santillana tuvo que crear, en 1905, la Sociedad Anónima Hidráulica Santillana. Las obras de la presa de El Grajal se desarrollaron con numerosas dificultades, comenzando con una huelga de los trabajadores y continuando con los problemas originados en las obras de su fundación, donde tuvieron que emplearse a fondo los obreros para achicar agua, tanto con cubos como con bombas de agua. En primer lugar, se visitó el embalse de Santillana, donde fue aclamado el monarca por numerosos colmenareños. Tras el correspondiente almuerzo, Alfonso XIII, acompañado de Maura, el general Miláns del Bosch, junto con numerosas personalidades y representantes de la prensa nacional, se dirigieron a la presa de El Grajal, procediéndose a la bendición de las obras por parte del cura párroco, continuando con la ceremonia de la colocación de la última piedra y descubriéndose una placa conmemorativa con el siguiente texto: SOCIEDAD HIDRÁULICA SANTILLANA La obra resultante es una pequeña presa de arco de sillería de piedra, que tuvo un recrecimiento posterior hacia 1947, quedando, así, una pequeña, pero magnífica obra de ingeniería hidráulica, excelentemente integrada en el conjunto de puentes, molinos y batanes inmediatos, dotando a este paraje de un extraordinario patrimonio cultural e histórico digno de disfrutar. |
Lo que ocurrió un dia como hoy en la Historia de Colmenar Viejo el 2 junio 1908.
El rey Alfonso XIII inaugura la presa de El Grajal
Fernando Colmenarejo García
Para quienes trabajaron en la presa de El Grajal, obreros e ingenieros.