Lo que ocurrió un dia como hoy en la Historia de Colmenar Viejo el 20 Septiembre 1911.

Desde la revista “La Ciudad Lineal” se aportan unas claves para que Colmenar Viejo sea “uno de los pueblos más encantadores, más ricos y más agradables de la provincia de Madrid”.

Desde La Ciudad Lineal, “revista científica de higiene, agricultura, ingeniería y urbanización”, según subtitulaba su cabecera, el articulista Pascual López, aportaba algunas claves para promocionar el desarrollo de Colmenar Viejo. Un pueblo “tan rico por su agricultura” no podía dejar escapar la oportunidad que le ofrecía su recién inaugurado ferrocarril que le unía con Madrid en una hora y media, desde hacía prácticamente dos meses.

Ahora, el ferrocarril de la Compañía Madrileña de Urbanización, fundada por Arturo Soria para desarrollar su proyecto de “Ciudad Lineal”, podía satisfacer con mayor facilidad a una capital consumidora de los productos locales y de su comarca, tales como leñas, carbones, leche y derivados, aves, hortalizas y, por supuesto, la piedra. Todo ello sin olvidar las posibilidades que ofrecía la sierra de Guadarrama, gracias a sus múltiples facetas excursionistas y veraniegas. Con todo, el articulista consideraba que el ferrocarril podría ser un instrumento fundamental para que Colmenar Viejo pudiera “aspirar a dar durante las fiestas de agosto buenas corridas de toros a las que atraiga público compuesto en gran medida por madrileños”. No obstante, para conseguir este desarrollo había que contar con tres cosas: Disponer de una buena plaza de toros, presentar un buen cartel y, por supuesto, trenes baratos.

Pero el coso taurino colmenareño no estaba precisamente para ofrecer buenas corridas de toros. Para ello había que realizar unos cuantos arreglos, ya que de los seis tendidos tan solo podían ocuparse cuatro, de ahí la necesidad de su reparación y la posibilidad de su ampliación con una capacidad de 5000 personas, de tal manera que pudieran celebrarse “corridas con público que las pagara”. Dicha tarea podría ser emprendida por el municipio, como propietario, o bien por la propia Compañía Madrileña de Urbanización, como proponía el periodista. Tarea que podría finalizarse para las próximas fiestas de 1912.

Así, con una plaza más cómoda y de mayor capacidad, podría ofrecerse un buen cartel, planificado por el municipio, como lo venía haciendo, o por una empresa arrendataria, de tal manera que durante los tres días festivos podrían darse dos corridas de toros y una novillada, “todas con carteles de acreditadísimas ganaderías, de las muchas que se crían en Colmenar Viejo”. Incluso, los matadores podrían ser elegidos entre los que  por diversas razones se encontraban alejados de Madrid o bien con espadas que hubieran triunfado en el coso de la capital, máxime cuando la plaza madrileña tan solo daba novilladas durante el mes de agosto. En cuanto a la novillada, podría celebrarse con los mejores novilleros del escalafón taurino.

Pero todo esto no podría ser posible sin un ferrocarril, y ahora Colmenar Viejo lo tenía. Podría darse para ello “un servicio de trenes frecuente y cómodo, que por un precio módico, con billetes de ida y vuelta para el mismo día, pudiera transportar los miles de viajeros que habrían de ir desde Madrid y Fuencarral”. Un servicio que, por supuesto, organizaría gustosamente la Compañía Madrileña de Urbanización.

Sin embargo, este sueño no sería posible por diversas circunstancias. Una de ellas era la dificultad de ofrecer al usuario un  billete razonable para los intereses de su bolsillo. Sobre esta cuestión, desde muy pronto se quejaría su propio director comercial, Arturo Soria, interesado en que el Gobierno bajara el canon que gravaba el billete, lo que dificultaba su explotación, agudizándose aún más en la década de los años veinte cuando el transporte por carretera fue más competitivo. La plaza de toros y unos carteles más expectantes tendrían que esperar. Sin embargo, el camino de hierro encarriló a Colmenar Viejo hacia una transformación socioeconómica como no se había conocido nunca. Esa transformación se encontraba, precisamente, en la explotación de su piedra, pero, como se suele decir, “esa es otra historia” que próximamente analizaremos mi buen amigo Roberto Fernández y un servidor.

Fernando Colmenarejo García

A la memoria de Arturo Soria, porque soñó con un urbanismo racional y porque entre sus proyectos se encontraba el desarrollo de Colmenar Viejo.
 

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