Se respondía así al escrito presentado por la secretaria de
dicha Conferencia, por el que se solicitaba una limosna para
socorrer a los pobres de la localidad que se encontraban acogidos
a la misma. Con todo, fueron necesarias dos votaciones.
En la primera de ellas se trataba la aprobación o rechazo de la
petición de la limosna, acordándose su aprobación por nueve
votos contra tres. En la segunda votación, se acordaba gratificar
con 50 pesetas, frente a las 100 y 500 pesetas que proponían
dos de los concejales que habían votado en contra durante
la anterior votación, o bien ninguna cantidad, como solicitaba
el tercer concejal que también se encontraba entre los que habían
rechazado la solicitud.
Las Conferencias de San Vicente de Paúl tuvieron lugar en
1833, en París, a iniciativa de Antonio Federico Ozanam junto
con un grupo de colaboradores, designándose como patrono a
San Vicente de Paúl, 1580-1660, que se había distinguido por
su servicio a los pobres. En España se instituyó en 1848, organizada
a través de grupos de personas, a las que denomina Conferencias.
Sin embargo, desconocemos la fecha exacta de su
implantación en Colmenar Viejo. Concretamente, con relación
a la política municipal sobre la subvención otorgada a dicha
Conferencia, solo disponemos de información entre 1910 y
1920, concediéndose siempre la misma cantidad, 50 pesetas.
La Conferencia se encontraba entre las nuevas formas religiosas
de carácter voluntario con un fuerte compromiso asistencial
hacia los más necesitados, dentro del espíritu caritativo
que buscaba la Iglesia, a través de la reconversión del pueblo
español, máxime en una época de grandes momentos convulsivos
para la fe católica, con un importante desarrollo de las
clases proletarias e importantes bolsas de pobreza.
En cuanto a la pobreza, también tenemos dificultades para
entender con objetividad su problemática en la localidad entre
finales del siglo XIX y 1920. En cualquier caso, la escasa información
disponible nos permite aventurar que a finales de
dicha centuria tendríamos un total de 75 familias pobres, cifra
que podríamos multiplicar hacia 1915, dado que hasta 350 familias
necesitarían el apoyo de la beneficencia municipal mediante
el suministro de medicamentos.
Además de la limosna para la Conferencia, también el
ayuntamiento acostumbraba a consignar una cantidad para
todos los pobres colmenareños, que en 1920, acordaría, en este
caso por unanimidad, repartir 150 pesetas el día de Nochebuena.
A ello añádase la necesidad municipal de abrir otras
partidas económicas con una relación sociolaboral más que benéfico-asistencial, con objeto de sufragar los jornales de los
obreros que se encontraban en situación de paro forzoso durante
la temporada invernal. Por todo esto, es muy posible que
en las dos votaciones de la corporación municipal pueda encontrarse
alguna respuesta sobre los diferentes puntos de entender
la caridad y el desarrollo social de las clases más
desfavorecidas. Una diferencia notable centrada en el tradicional
recurso benéfico y caritativo y otra de acción de desarrollo
socioeconómico, más acorde en lo político y social. |