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Historias de Colmenar
Entrevista con Doña Vicenta Merodio de Diego
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“En Colmenar había entonces seis coches, contando el de la Guardia Civil”
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“La primera vez que vi Colmenar me impresionó, estaban casi todas las casas derruidas de la guerra”.
“Mi marido era Severiano García y le llamaban el “tío Gasolina”.
“Venían a echar gasolina los de los pueblos de“ahí riba”, de Miraflores, de Guadalix, de Manzanares, de Bustarviejo, de Chozas”.
“Mi marido se iba a echar la partida, estaban ciegos con las cartas, allí en Casa Cantrunflas”.
“Teníamos que ir a Madrid a hacer los pedidos de la gasolina y a pagar, que a mí me daba un miedo; yo decía, cualquier día le hacen algo y le quitan el dinero”.
“Vivíamos en la calle de Los Frailes en una casa medio derruida, y nevó y se nos llenó la cama de nieve”.
“ Se tardó mucho en empezar a conducir las mujeres”.
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La Comarca.- La veo muy bien, ¿Vd. con que marcha con gasolina o con gas-oil?
Vicenta Merodio.-.- ¿Qué?, no te entiendo.
L.C..- La quiero decir, que la veo muy bien, que tiene buen motor y que anda como su fuera una jovencita.
V.M..- Así, estoy muy bien, tengo ochenta y seis años y gracias a Dios no tengo ninguna enfermedad, nunca he estado mala en la cama, ni antes ni ahora. Yo siempre con gasolina.
L.C.- Es Vd. de Colmenar, yo la conozco de toda la vida.
V.M.- Pues no soy de Colmenar, soy de un pueblo de Guadalajara que se llama Luzón, y viví muchos años en Maranchón, cerca de Molina de Aragón, que estaba mi marido de administrador de correos, que se lo dieron por mutilado de guerra.
L.C.- Y cómo fue para venirse a Colmenar
V.M.- Pues no sé si nos lo dijeron o leí, que había salido esto del servicio de gasolina para los mutilados de guerra, lo pedimos y a mi marido se lo dieron por mutilado de guerra. Tenía un brazo que casi no funcionaba, lo tenía muy mal.
L.C.- Cómo vinieron desde su pueblo
V.M.- Cogimos el tren que venía de Zaragoza. De Luzón fuimos en un coche hasta Sigüenzay allí cogimos un tren hasta Madrid.
L.C.- Dice Vd. que no tenía dinero; pero para hacer el viaje tenía que tenerlo.
V.M.- No se si tenía o me lo prestaron,mi padre tenía ganao y nos lo daría, aunque no quería que nos fuéramos, nos empeñamos y nos prestaron ocho mil pesetas que luego pagamos.
L.C.- Y hasta Madrid en tren y después a Colmenar en el coche de línea o en la maquillina.
V.M.- No me acuerdo, vendríamos en la maquinilla, a mi no me gustaba ni un pelo, me daba miedo. Una vez venía en ella, y en medio del campo paraos, paraos, paraos y no sabíamos porque, y es que se había roto y se marchó la maquinilla sola y dejó los vagones y los viajeros en medio del campo. Menudos apuros pasábamos para venir de Madrid. No había coches ni nada, muy mal.
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L.C.- Y cuando vio por primera vez Colmenar que le pareció
V.M.- Muy mal, estaban casi todas las casas derruidas de la guerra. Yo me asuste al verlo, me impresioné. Además nosotros éramos de por ahí y éramos todos de derechas y a mi me metieron un miedo con que en Colmenar eran todos rojos.. Y una señora cuando nos íbamos a venir nos preguntó que a donde íbamos, y la dijimos que a Colmenar Viejo, y me contesta que ese pueblo es una Rusia en pequeño, así que cuando lo vi. me asuste; y yo pensaba los primeros días, aquí cualquier día nos caducan, en Colmenar eran pocos de derechas, eran todos rojos. Pero nunca tuvimos nada, la gente de Colmenar siempre se ha portado muy bien con nosotros. Mi marido se trataba con todo el mundo, sí
L.C.- Vd. ha vivido casi siempre en el mismo sitio quienes eran sus vecinas y como se llevaba con ellas
V.M.- Bien siempre me he llevado bien con ellas eran buena gente: la tía Tomasa “la Morrala” , la María la del Primo que era mucho más joven que yo, la Rufina y su madre, “la Monina”, había unas que las llamaban “las Caganovias” que también teníamos mucho trato, nunca hemos tenido nada siempre nos hemos llevado muy bien.
L.C.- Y su gasolinera ha estado siempre donde ahora
V.M.- No, cuando lo cogimos nosotros estaba donde está ahora el cuartel de la Guardia Civil, y para hacer el cuartel de la Guardia Civil, que no había cuartel para ellos, pues nos bajaron a donde estamos.
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No se me olvida nunca, teníamos una caseta pequeña, y al salir vi a uno que creía que estaba haciendo sus necesidades y cogí un palo y casi le arree, y me dice el hombre oiga que yo estoy esperando a mi novia que vivía un poco más abajo. Si le doy, pobre hombre. Había un pilóny una fuente muy grande, y entre el pilón y la pared de la caseta estaba medio acurrucado, y yo que creí, que se yo, salí con un palo y le dije que hace Vd. aquí, yo creía que estaba esperando que nos fuéramos para robar. No se si vivirá ya aquél chico.
L.C.- En que año fue eso
V.M.- No me acuerdo, hace mucho, en los años cuarenta, por ahí.
L.C.- Cuantos coche había entonces
V.M.- En Colmenar había entonces seis coches: el boticario, el médico, Manuel Arroyo, y así, no había más y unos cuatro camiones.
L.C.- Cuando se bajaron ya serían los aparatos más moderno
V.M.- Si algo más modernos, pero había que dar con una palanca que subía y otra que bajaba, tras, tras, era mucho trabajo.
L.C.- Se acuerda de cuanto valía el litro de gasolina cuando empezaron
V.M.- Pues no me acuerdo muy bien, sería a una pesetas y un poco más.
L.C.- Pues a una y pico el litro y seis coches en el pueblo, vaya negocio.
V.M.- (se ríe) Si seis coches, no había más en Colmenar. Luego si, empezaron a comprar unos y otros y ya hubo más y fue aquello aumentando, Sino ya estábamos para marcharnos, lo que pasa es que si nos íbamos nos quedábamos sin nada y esos también nos daba miedo; pero algunas veces pensamos en marcharnos. La vida era dura
L.C.- Pues yo creí que Vds. era de Colmenar, además siempre han tenido buenas relaciones con la gente, y su marido que se llamaba Severiano, era un hombre simpático y que siempre trataba muy buena a la gente. El tío Gasolina le llamaban.
V.M.- Si, se llamaba Severiano García Aragoncillo, y era de Villel de Mesa de la provincia de Guadalajara, y aquí le llamaban Gasolina y en el pueblo de Guadalajara le llamaban el Cartero. Si en verdad que era simpático y se trataba con toda la gente.
L.C.- Le gustaba echar la partida en el Bar de Cantrunflas
V.M.- La partida y estar allí le gustaba, en cuanto podía se escapaba al Bar de Cuatro caminos y allí me dejaba. Yo alguna vez iba a tomarme y cafecito; pero a mi marido le gustaba tirarsebuen rato. Algunas veces iba al bar de Lucas; pero si había que buscarle en casa Cantrunflas. Algunas veces discutíamos por eso, a mi no me gustaba que fuera y como había trabajo a mí me tocaba lo mío de trabajar se me juntaba una cosa con otra.
L.C.- Es verdad que Vd. también ha sido muy simpática y trabajadora
V.M.- He trabajado mucho, casi más que él, porque estaba de la guerra que aunque tenía los dos brazos, uno, como aquél que dice colgando, no podía hacer nada con el. Si cuando le dieron el surtido preguntaron a ver si tenía ayuda, claro y yo era la que llevaba el jaleo, por eso tenía esta colocación, que los colocaban. Un brazo le tenía muy delgadito, era solo casi el hueso, estaba de la guerra bien cogido.
L.C.- Pero no trabajaría Vd. tanto, si sólo había seis coches, la cosa no sería para tanto.
V.M..- Si es verdad, (se ríe) había seis coches contando el de la Guardia Civil. Pero también estaban los que venía de los pueblos de “ahí riba”, de Miraflores, de Guadalix, de Manzanares, de Bustarviejo, de Chozas, que no había surtidor en ninguno y tenía que venir a por gasolina aquí, esos pueblos tenía vacas y patatas y tenían que bajar a Madrid a “vendelas”. El primer pueblo en el que pusieron surtidor fue en Miraflores. Lo que nos salvo fueron las maniobras de los militares.
L.C.- Tenían dos surtidores de gasolina y de gas-oil.
V.M.- No, teníamos sólo uno, de gasolina, el gas-oil tardo mucho en llagar a Colmenar. Primero vino en bidones de doscientos litros y parecía que traía grasa y había que moverlo con un palo para echarlo.
L.C.- ¿ Y estaban todo el día? ¿ A que hora abrían?
V.M.- Estábamos todos el día, se cerraba sólo por la noche, Abríamos a las 7 de la mañana y cerrábamos a las 9 de la noche. Para vender ná, diez litros a los mejor, y todos los días, también los domingos. Si había maniobras de los militares hasta que le despachábamos, que venían por la noche. A la hora de la comida no cerrábamos, cuando comía el uno bajaba para que se fuera el otro, no cerrábamos ni pa comer. Mi marido se iba a echar la partida y yo me quedaba, yo no entiendo las cartas; pero él sí, estaban ciegos allí en Casa Cantrunflas, que estaba en el esquinazo ese. A ver, así hemos ido pasando.
L.C.- Y cómo se las arreglaba para atender el negocio, la casa y los hijos.
V.M.- Pues como podía, a ver. A lo mejor yo no estaba en casa y se levantaban desnuditos a la calle porque no estaba yo para vestirlos, claro los recogía y los vestía y arreglaba y me los llevaba a la caseta del surtidor conmigo, cuando era pequeñitos, les ponía una camita llena de lana y allí estaban, y yo les oía si lloraban o qué. Vivíamos muy cerca.
L.C.- O sea que para Vds. no había días de fiestas.
V.M.- Nada, no había fiesta ninguna, los domingos nos turnábamos para ir a misa y ya está.
L.C.- Pues vaya aburrimiento, y si les invitaban a una boda
V.M.- Pues no podíamos ir, si es que no se podía cerrar
L.C.- Pero si tenían que ir a Madrid al médico o a comprarse un traje.
V.M.- Al médico no tuvimos que ir y trajes no teníamos más que uno, si no teníamos para comprar, como íbamos a comprar trajes. Que no podíamos cerrar por nada, era todo manual y lo teníamos que hacer nosotros, a quién se lo íbamos a dejar.
L.C.- Pero no iban nunca al baile o a divertirse, mismamente en la Fiesta.
V.M.- No, nunca. No ves que mi marido era mutilao de guerra y no podía hacer nada con el brazo.
L.C.- Pero a Madrid, alguna vez tiene que haber ido a Madrid.
V.M.- Hombre, a Madrid, aunque solo fuera a ver a mi tía que la tenía allí, era una hermana de mi padre. Teníamos que ir a Madrid a hacer los pedidos de la gasolina y a pagar, que a mí me daba un miedo; yo decía cualquier día le hacen algo y le quitan el dinero; pero no, nunca paso nada. Pedíamos, tantos litros y había que pagarlos en la calle Alcalá y luego venía el camión a traerlo. Mi marido iba más que yo
L.C.- Y en la Fiesta del Pueblo tampoco cerraban
V.M.- Tampoco, nada más por la noche.
L.C.- Por la noche, a las nueve. Entonces si que le daba tiempo para ir al baile o al cine.
V.M.- Sí, menudas ganas que teníamos de ir al baile. Si yo no sé bailar. A los toros iba mi marido, se trasconejaba y ahí te quedas, yo en la gasolinera como un clavo, y desde allí se oían las voces o las palmas. Y al cine tampoco me gustaba porque estaba tan cansada que me quedaba dormida, a ver.
L.C.- Hemos cambiado de tema y no me ha terminado contar que le pareció Colmenar cuando llegó, que era invierno o verano, y en que calle vivió al llegar.
V.M.- No me acuerdo, así, era invierno porque se helaba en el pilón y yo decía madrecita que frío hace en este pueblo, hacía mucho más frío que en el mío, y dijimos: hay por Dios donde nos han traído, entre el frío y las casas todas medio derruidas. La primer casa donde vivimos fue en la calle los Frailes y estaba medio derruida porque no había otra, y yo pensaba que alguna noche nos sacaban entre escombros, y luego nos cambiamos a la calle del Real, al lado de Fermín Lile.
Por el pueblo había poca cosa, iba a la plaza al Banco a ingresar el dinero y había poca gente por la calle, también hacía la compra de algunas tiendecillas que había, aunque también me traían cosas de comer de los pueblos cuando bajaban, así nos apañábamos, y el pan lo teníamos racionao, te daban una barra y tenías que pasar el día, a ver. Si te valía con lo que te daban bien, sino a pasar hambre, a ver. |
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L.C.- Nevaba mucho en aquél tiempo
V.M.- Mucho, caían una nevadas tremendas. Teníamos que hacer un camino para salir a despachar al surtido, que no había más que uno, no existía el gas-oil. Nos han caído cada nevada y no había más remedio que abrir, y allí en la casetita con un braserito, que había que llevarlo desde casa, no dejaban nada que tuviese llama, preparábamos las ascuas en casa y lo bajábamos y lo metíamos en la casetita y allí estábamos.
También me acuerdo una noche que nevó, al principio de llegar que todavía vivíamos en la calle de Los Frailes en una casa medio derruida, y nevó y se nos llenó la cama de nieve, amanecimos con la cama atascaita de nieve y nosotros durmiendo, estábamos tan cansaos que no nos enteramos hasta la mañana. A ver, pasamos lo nuestro.
L.C.- Pero luego, en los años setenta ya todo el mundo tenía coche y la calle San Sebastián, los domingos tenía uno atascos como su fuera la Gran Vía.
V.M.- A ver todo lleno de coches. En la Plaza de Cuatro Caminos te las veías muy mal si quería cruzar, había coches por todos los lados.
L.C.- Pero ya las cosas eran de otra manera, ya los surtidores eran de otra manera, y le ayudaría su hijo Luis.
V.M.- Si ya eran las cosas de otra manera, y nos ayudaban también mis hijas, mi Marisol nos ayudaba mucho. Si ya era otra cosa, además como decía lo de los militares que algunas noches se nos gustaban diez o doce camiones para llenar los depósitos, venía por la noche y hacía una cola hasta Cuatro Caminos, llenaban los depósitos para hacer las maniobras por la mañana, y no podía cerrar hasta que no terminábamos, y a la mañana siguiente abrir a las siete de la mañana, y algunos días nos levantaban antes. Si nos llamaban antes de las siete había que salir, a ver que ibas a hacer.
L.C.- Cuando Vd empezó no conducían las mujeres y poco a poco se hicieron conductoras ¿qué le pareció eso a Vd.?
V.M.- Bien, una cosa nueva, conducían bien y todo; pero se tardó mucho en empezar a conducir las mujeres, si a nosotros lo que nos salvo fue los militares.
L.C.- Y en todo el tiempo no ha habido ninguno que se haya zampado con el surtidor
V.M.- No, darle algún golpe sí; pero zamparse y tirarlo nunca, había una caseta que lo protegía mucho, y darle algún meneíto sí; pero tirarlo nunca.
L.C.- Y allí en su gasolinera también iban muchos camiones que no pagaban nunca
V.M.- Si pagaban, pagaban a la semana o a los quince días, y lo que hacían cada día era llenar el depósito y firmar un vale, y luego a la semana o dos pagaban todo.
L.C.- Y todos paraban
V.M.- No, alguno se escapó, muchos. Cuando no pagan ya nos le dábamos más y le echábamos, a ver, cuando se atrancaban.
L.C.- Y cuando empezó el pago con tarjetas
V.M.- Al principio nos daba miedo, no sea a que no nos pagaran, porque andaba la gente muy mal; pero luego las tarjetas ya bien.
L.C.- Pero ahora, la buena gasolinera si que esta bien ¿qué le parece a Vd.?.
V.M.- Pues muy bien, para según los cacharros que teníamos nosotros ves los de ahora y te acuerdas de los de antes y dices bueno. Antes uno subía el otro bajaba y ahora todo moderno, muy bien.
L.C.- Y ahora a esta nueva generación a Luisito, que ahora es el jefe. ¿Que le dice Vd.?
V.M.- Y que le voy a decir, que le veo muy bien. Yo le veo como éramos nosotros, buenas personas, yo no veo que haya hecho ningún daño por ningún sitio. Yo le dijo que trabajen todo lo que puedan, que ahora las cosas son mejores, eléctricas y antes era todo manual y ojo cuando iban de maniobras al Pico San Pedro que se llenaba toda el lado de la calle de camiones. A ver, que le voy a decir, que le veo muy bien. |
Miguel Ángel de Andrés
PUBLICACIÓN INDEPENDIENTE DE COLMENAR VIEJO Y SU COMARCA
25 DE NOVIEMBRE 2005 NÚMERO 409 SEGUNDA EPOCA
Domicilio:Sector LITERATOS,21 Local, 7 - 28760 -TRES CANTOS
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